Por qué empezamos libros en enero que no terminamos

Por+que+empezamos+libros+en+enero+que+no+terminamos

    Enero suele ser, como buen comienzo de año, una promesa que nos invita a empezar de nuevo. Esto no sólo se manifiesta en nuestras vidas cotidianas -dietas saludables, rutinas nuevas, proyectos interesantes-, sino también en nuestras lecturas. Buscamos, con cada comienzo de año, la oportunidad de leer más, leer mejor o adentrarnos en aquellos libros que "siempre quisimos leer".

    En consecuencia, empezamos los primeros días del año abriendo novelas densas, clásicos que siempre postergamos, ensayos ambiciosos y sagas interminables. Sin embargo, a mitad del año -y, en muchos caso, antes de ese punto- nos quedamos a mitad de camino. El libro queda abandonado en nuestra mesa de luz o en nuestras laptops, marcado en una página de la cual no avanzamos jamás.

    ¿Por qué Enero se presta a ser el mes de los libros empezados y no terminamos? ¿Cómo podemos mejorar nuestra relación con la lectura y manejar nuestras expectativas para romper este hechizo? 

El peso simbólico del calendario

    El primer día del año no es un día como cualquier otro. Culturalmente, enero funciona como un momento de reinvención. Es el lugar donde dejamos atrás un ciclo y entramos en otro que imaginamos más ordenado, más pleno y  más cercano al ideal de nosotros mismos que somos capaces de concebir. Este impulso está firmemente arraigado en nuestro subconsciente. Desde hace siglos, las sociedades han marcado el tiempo mediante rituales de renovación, siendo el tiempo de los nuevos comienzos el más importante del año.

    La lectura responde, como hábito, perfectamente a esta lógica. Empezar un libro nuevo en enero se siente distinto que hacerlo en cualquier otro mes. El gesto adquiere una dimensión casi ceremonial, ya que se trata de una promesa que nos hacemos a nosotros mismos. Representa disciplina, crecimiento personal, sensibilidad intelectual y expectativas de planeamiento a futuro. 

    El problema surge cuando la experiencia real no siempre puede sostener dicha promesa. Enero, justamente por ser el puente en la transición de años, suele traer cansancio acumulado, reorganización laboral y rutinas muy inestables. El comienzo simbólico choca con un cuerpo y una mente que no siempre están disponibles para el esfuerzo intelectual que ciertos libros demandan. De esta manera, el libro que iniciamos se convertirá rápidamente en un recordatorio tangible de una promesa incumplida.

Nuestra visión del lector ideal

    Cuando elegimos qué leer en enero, muchas veces no lo hacemos desde el deseo genuino, sino desde una imagen idealizada del lector que nos gustaría ser. Ese lector imaginario es constante, profundo, curioso y lleno de energía. Es capaz de leer clásicos sin esfuerzo, avanzar con regularidad por páginas densas y profundizar en ideas complejas con atención e inteligencia. En muchos casos, se trata de una proyección aspiracional que no se condice con la realidad.

    Este fenómeno no es exclusivo de la lectura, sino que se manifiesta en otras áreas de nuestra vida. El ejercicio, la escritura o el aprendizaje de idiomas, por dar sólo algunos ejemplos, adquieren un ímpetu muy grande a principios de mes que luego se desacelera a medida que pasan los días. En la lectura adopta una forma particular: elegimos libros que representan una versión futura y mejorada de nosotros mismos.

Por+que+empezamos+libros+en+enero+que+no+terminamos

    El resultado, a todas luces, es muy previsible. El libro, en lugar de acompañarnos, empieza a exigirnos. Ya no nos genera placer o curiosidad, sino que persiste en su sensación de "deuda". Ya no queremos leerlo, sino que debemos hacerlo. Cada página no leída refuerza la distancia entre el lector real que somos y el lector ideal que queremos ser. 

Las consecuencias del exceso de expectativas

    Fracasamos al leer ciertos libros no tanto por su contenido, sino por el peso que les colocamos encima antes de abrirlos. En enero, esa carga se vuelve particularmente intensa. Esperamos que el texto nos transforme, nos marque, nos haga mejores lectores o, incluso, mejores personas. Es demasiada presión para colocar sobre una simple obra literaria.

    Esta acumulación de expectativas resulta en un curioso efecto: cuanto más importante creemos que es el libro, más difícil se nos hace leerlo. Si no cumple con su efecto grandilocuente o transformador, terminamos frustrándonos muy rápidamente. Nos decimos que el libro "no está funcionando" o "no es tan bueno como creía", cuando en realidad somos nosotros quienes hemos colocado una vara imposible de alcanzar. 

    La lectura, pese a ser un pasatiempo progresivo y sujeto a nuestros cambios de humor, se transforma a comienzos de año en una prueba rígida que nos imponemos sin razón alguna. La presión asociada sólo puede llevarnos al abandono. Muchos libros requieren tiempo, paciencia y, tal vez, momentos de suma incomodidad antes de revelar su valor real. Pero, en nuestra ansiedad por los nuevos comienzos, rara vez toleramos los procesos lentos.

Cuando la cotidianeidad se interpone en nuestros hábitos

    Existe una razón concreta por la cual muchos libros no se terminan: nuestros hábitos reales de lectura no coinciden con aquellos que existen en nuestra imaginación. Leemos menos tiempo del que creemos, en contextos más hostiles de lo que pensábamos y con mayor cansancio mental del que esperábamos.

    La vida contemporánea tiene la capacidad de alterar profundamente nuestra relación con la atención y la lectura. Los estímulos constantes atentan contra nuestra capacidad de concentración. Pretender abordar lecturas exigentes en enero, sin tener en cuenta este fenómeno, es ignorar una parte fundamental del problema.

    Por otro lado, la lectura requiere de cierta energía emocional. No todos los momentos del año son propicios para ciertos libros. Reconocer esto es imprescindible para ajustar nuestras expectativas. A veces, leer menos páginas pero con mayor constancia es más productivo que intentar grandes gestas lectoras que se diluyen rápidamente. La mala planificación en este punto nos llevará al abandono y al fracaso.

El factor de la culpa lectora

    La culpa es una emoción silenciosa que acompaña a muchos lectores a principios de año. Sea por no terminar libros, por acumular lecturas pendientes o por no estar “a la altura” de ciertas obras.

    Sin embargo, abandonar un libro no es un acto moral ni un comentario sobre nuestra personalidad. Es más común de lo que imaginamos, incluso entre lectores experimentados que leen grandes cantidades de libros al año. La idea de que un buen lector es aquel que termina todo lo que empieza es una noción muy poco realista. Los buenos lectores abandonamos libros todo el tiempo.

    Debemos reconocer que el abandono es, justamente, parte del recorrido de todo lector. Un libro no terminado es una experiencia que, en muchos casos, deja huellas profundas en nuestra mente. Incluso puede significar nuevas oportunidades, ya que podemos retomar la obra años después, desde otro lugar, con una mente más despejada. 

Construyamos una relación más libre con los libros

    Quizás el mayor desafío a la hora de desligar la lectura del mandato del calendario sea darnos el permiso para hacerlo. Leer no debería responder a fechas simbólicas ni a propósitos rígidos, sino a una relación espontánea y cambiante con los libros.

    Una lectura madura implica ritmos variables, intereses fluctuantes y momentos de intensidad intercalados con períodos de silencio. No todos los años comenzamos siendo el mismo lector, ni todos los libros están destinados a ser leídos en el mismo momento.

    ¿Por qué insistimos entonces con que enero debe ser el inicio de algo definitivo? Leer puede ser perfectamente un acto circular, discontinuo y caótico. Sólo debemos aprender a encontrar la belleza y el placer en las imperfecciones.

    Liberarnos de esta vieja y común idea de que leer bien es cumplir con una lista nos permite volver a lo esencial, al encuentro entre un lector y un autor. Sin promesas grandilocuentes ni culpas innecesarias. Solo la posibilidad, siempre abierta, de seguir leyendo y de sostener, a pesar de todas las dificultades de la vida, nuestro preciado hábito de la lectura.

Por+que+empezamos+libros+en+enero+que+no+terminamos

  • SOBRE EL AUTOR
      Mi nombre es Rodrigo. Soy un escritor independiente Argentino, apasionado por contar historias y compartir reflexiones. Si bien mi campo predilecto es la ficción, en este blog les hablo sobre todo lo que pasa por mi cabeza: mi vida, mis experiencias, mis visiones del mundo y mi proceso creativo. Escribo desde chico ficción contemporánea y ficción gótica. He publicado relatos cortos y novelas que están disponibles para lectores de todas partes del mundo. A través de este blog, espero ayudarte a encontrar tu próximo libro favorito. 

       Seguime en Instagram y Twitter

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Instagram