Un tiempo apropiado para la desconexión

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      Hace unas semanas que no me aparezco por acá. He estado super atareado con trabajo, ejercicio y otras tareas pendientes. Pero quería aprovechar el fin de semana largo para escribir una pequeña reflexión y actualizarles un poco sobre aquello que he estado haciendo en cuanto a literatura, escritura y vida en general.

      Si bien mi producción literaria se ha ralentizado un poco (ah, las idas y vueltas de la vida que siempre complican todo), continúo firme en mi decisión de publicar un compilado de cuentos el año que viene. Sigo entusiasmado con las historias que estoy creando y aquella relacionada a una cacatúa/loro me está trayendo algunas dificultades: tengo tantas ideas que deseo incorporarle que me resulta difícil conectarlas entre sí y, más aún, decidir qué incluir y qué no. Tampoco me decido acerca del tono que le quiero dar: si mundano, de suspenso o directamente de terror (hay una imagen que circula en mi cabeza para el final, que definitivamente perturbará a mis lectores, y todavía no estoy seguro de si debo utilizarla). Creo que el tiempo, como siempre ocurre en estos casos, terminará decantando lo interesante del mero relleno.

      En cuanto a mis lecturas, estoy atravesando cierto bloqueo lector. En este caso no se trata de poco entusiasmo o ganas de sentarme a leer, sino que no encuentro el tiempo ni el estado de paz mental necesario para concentrarme en la lectura. Sobre todo teniendo en cuenta aquello que estoy leyendo. Como les conté en un artículo anterior, empecé a tacklear La Rama Dorada de Sir James George Frazer, un tratado antropológico de más de 700 páginas sobre el rol de la magia en la religión a lo largo de los siglos. Y si bien el tema me apasiona, definitivamente se necesita de mucha calma para digerirlo, dada la prosa academicista del siglo XIX que por momentos peca de pura pedantería. Sin embargo, voy avanzando lento pero seguro. También quiero empezar con El retrato de una dama de Henry James, novela que adquirí allá por el 2018 y que aún no he tenido tiempo de empezarla como se debe. Cuando recupere mi gusto por la ficción, será el primer libro que ocupará mis horas de lectura.


      Si se preguntan por las fotografías, ilustran un viaje que hice con mi padre, en uno de mis escasos días libres, al Cerro de la Gloria. Es un cerro que bordea mi ciudad (parte del Parque General San Martin, y el límite que marca su final) en cuya cima se asienta el Monumento al General José de San Martín. Quienes vivan en la República Argentina estarán familiarizados con él, ya que es el que solía adornar los billetes de cinco pesos -hoy retirados- y cuenta de manera pictórica la gesta sanmartiniana de independencia. Si bien necesita de una restauración (todas las placas de bronce están oxidadas), es un monumento masivo, sumamente bello, que debería ser visitado por todos aquellos que decidan venir a la Ciudad de Mendoza. Hay incluso placas donadas por los distintos gobiernos del continente (alrededor de una por país) detrás de un águila de piedra que adorna las escalinatas de ingreso. Si bien se puede subir a pie, es recomendable ir en auto porque se trata de un trecho largo.

    Mirar la ciudad desde arriba siempre ha conseguido inspirarme. Le tengo un poco de miedo a las alturas, por lo que colocarme en los bordes siempre es un desafío para mí, pero la verdad que constituye un sitio muy pacífico, ideal para pasar el día y desconectarse de las preocupaciones. Allá arriba, además del monumento, hay un puesto de artesanías que vende alfajores caseros empacados en una pintoresca cajita de madera que simula una cabaña (actualmente la tengo decorando mi estantería de libros). En el futuro, van a colocar baños, restaurantes y cafés, lo que transformará al cerro en una verdadera experiencia turística. Cuando fuimos ese viernes, la obra estaba en pleno proceso de construcción, así que le falta mucho tiempo para estar terminada. Y en buena hora que lo esté.

      Espero que hayan utilizado este fin de semana largo para descansar y estar con sus seres queridos. A mí personalmente me tocó trabajar de corrido todos estos días, pero trato de encontrar momentos para descansar y protegerme del frío. El invierno está siendo crudo pero tolerable y ayuda a crear una atmósfera apropiada para quedarse en casa y distraerse de todos los problemas. Se aproxima Yule y, si bien no he establecido cómo voy a celebrarlo, a veces una simple comida casera con una taza de café es todo lo que se necesita para homenajearlo.

     Ojalá tengan una buena semana y logren encontrar inspiración en todo lo que se propongan :)



  • SOBRE EL AUTOR
      Mi nombre es Rodrigo. Soy un escritor independiente Argentino, apasionado por contar historias y compartir reflexiones. Si bien mi campo predilecto es la ficción, en este blog les hablo sobre todo lo que pasa por mi cabeza: mi vida, mis experiencias, mis visiones del mundo y mi proceso creativo. Escribo desde chico ficción literaria y ficción gótica. He publicado relatos cortos y novelas que están disponibles para lectores de todas partes del mundo.

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