10 novelas sobre la decadencia de la alta sociedad

10 novelas sobre la decadencia de la alta sociedad

Siempre me resultaron fascinantes las historias sobre mundos que están a punto de desaparecer. Nosotros, como lectores, podemos reconocer en ellos las señales de una decadencia que sus personajes todavía no llegan a identificar. Vemos las mansiones, las fiestas, los vestidos, las obras de arte, las fortunas familiares y los apellidos ilustres y sabemos que, detrás de aquella magnificencia, el tiempo ha comenzado a erosionarlo todo.

La literatura ha demostrado una atracción casi irresistible por la alta sociedad -incluso en mis propias obras la incluyo con frecuencia-. Sin embargo, las mejores novelas se interesan en ella cuando está perdiendo su poder. Edith Wharton observó las rígidas costumbres de las viejas familias de Nueva York, Marcel Proust contempló cómo la aristocracia francesa perdía su aura, Giuseppe Tomasi di Lampedusa convirtió el final de la nobleza siciliana en una de las grandes elegías literarias del siglo XX.

Cuando el mundo continúa sin la alta sociedad

La decadencia de la alta sociedad no está necesariamente relacionada con la ruina económica. Algunas de las familias de estas novelas pierden propiedades y fortunas, pero otras conservan su dinero mientras aquello que realmente sostenía su poder —el prestigio, las convenciones sociales o la deferencia ajena— comienza a evaporarse.

Durante siglos, la aristocracia europea justificó su posición de manera hereditaria: las propiedades pasaban de padres a hijos, los matrimonios consolidaban fortunas y una compleja red de rituales establecía quién pertenecía y quién se quedaba afuera. La industrialización, el ascenso de la burguesía y las guerras mundiales fueron erosionando progresivamente ese universo.

La alta sociedad puede ser hipócrita, superficial  y extraordinariamente cruel con quienes desafían sus reglas. Al mismo tiempo, este estrato construyó edificios, costumbres, obras de arte y formas de belleza que los escritores contemplaban con extraordinaria añoranza.

1. El gatopardo de Giuseppe Tomasi di Lampedusa

Ambientado en la Sicilia de 1860, nos introduce al príncipe Fabrizio de Salina que observa cómo la unificación italiana comienza a destruir lentamente el orden aristocrático al que su linaje pertenece. Su sobrino, Tancredi, mucho más pragmático, comprende que para conservar parte de sus privilegios deberán aprender a adaptarse al nuevo mundo.

Lo interesante de la novela es que el príncipe no parece particularmente interesado en impedir la melancolía del ocaso. Él ha comprendido que su clase se está agotando y que hombres más ambiciosos ocuparán inevitablemente su lugar. Los palacios, los bailes y los títulos permanecerán, pero pronto a ser convertidos en vestigios. El gatopardo nos recuerda que algunas sociedades desaparecen mucho antes del derrumbe de sus edificios y emblemas.

2. El jardín de los Finzi-Contini de Giorgio Bassani

En la Ferrara de finales de los años treinta, los Finzi-Contini, una rica familia judía, vive prácticamente aislada dentro de una enorme propiedad. Cuando las leyes raciales fascistas comienzan a excluir a los judíos de los espacios públicos -como ocurrió en buena parte de Europa a principios del siglo XX-, su jardín se conviritió en un refugio donde un grupo de jóvenes intentará continuar con su vida. Pero tanto el lector como el autor conocen la cruda realidad que los protagonistas todavía no pueden ni imaginar.

Bassani nos muestra la propiedad en donde reside la familia como una ilusión de seguridad. El dinero, la educación y el prestigio que durante generaciones protegieron a los Finzi-Contini resultarán inútiles frente a las fuerzas monstruosas que avanzan fuera de sus muros. La imagen de la fragilidad del privilegio que representa ese hermoso jardín detrás del cual una familia cree, por un momento, que todavía puede mantenerse a salvo, es una de las más poderosas de toda la novela.

3. La edad de la inocencia de Edith Wharton

Newland Archer, el protagonista de La edad de la inocencia, pertenece a la alta sociedad neoyorquina del siglo XIX y está comprometido con la excelente May Welland cuando conoce a la condesa Ellen Olenska, cuya independencia pone en cuestión todo aquello que hasta entonces había considerado natural.

Wharton conocía el mundo de la alta sociedad desde adentro y, precisamente por eso, decidió ser extremadamente despiadada con él. Las familias de La edad de la inocencia no necesitan leyes escritas porque han desarrollado mecanismos mucho más sutiles para castigar cualquier desviación a las normas. Sin embargo, cuando un Archer envejecido contempla las nuevas generaciones, comprenderá que aquellas reglas que parecían eternas prácticamente han desaparecido. La novela termina siendo tanto una crítica de ese universo perdido como una elegía en homenaje a su fin.

4. La casa de la alegría de Edith Wharton

Lily Bart, la protagonista de esta maravillosa novela, posee belleza, educación y todos los modales necesarios para desenvolverse en la alta sociedad de Nueva York. Lo único que le falta es suficiente dinero. Su supervivencia depende de conseguir un matrimonio conveniente antes de que su posición social comience a deteriorarse.

10 novelas sobre la decadencia de la alta sociedad

Si La edad de la inocencia nos ilustra las reglas vistas desde el punto de vista de quienes pertenecen al sistema, La casa de la alegría nos revela lo que sucede cuando se empieza a caer de èl. El descenso social de Lily refleja la crudeza con que el mundo transforma las relaciones humanas en transacciones. Su tragedia ocurre, justamente, porque incapaz de someterse completamente a dichas reglas.

5. Los restos del día de Kazuo Ishiguro

En esta multipremiada novela, Stevens ha dedicado prácticamente toda su existencia a servir como mayordomo en Darlington Hall. Décadas después, mientras realiza un viaje por Inglaterra, comienza a recordar a su antiguo patrón, a la señorita Kenton y los sacrificios personales que realizó en nombre de una determinada idea del deber.

En esta novela, a diferencia de las anteriores, el autor nos invita luego de que la fiesta  ha terminado. Las grandes casas continúan existiendo, pero el sistema social que les daba propósito pertenece a un remoto pasado. Ishiguro contempla ese mundo desde el punto de vista de quienes lo sostuvieron sin llegar a pertenecer a él. Stevens sacrificó su vida para preservar un ideal de dignidad y servicio. Y, quizás demasiado tarde, comienza a preguntarse si aquello que defendía merecía realmente dicha renuncia.

6. El final del desfile de Ford Madox Ford

Christopher Tietjens es un aristócrata inglés profundamente aferrado a principios de honor, deber y tradición que parecen pertenecer a otra época. Su matrimonio con Sylvia (una mujer infiel), su relación con Valentine Wannop y finalmente la Primera Guerra Mundial van descomponiendo progresivamente todas las certezas sobre las que había construido su identidad.

En El final del desfile, la crisis personal resulta inseparable de la histórica. Christopher pertenece a una Inglaterra que está muriendo y posee precisamente las virtudes que ese mundo consideraba admirables. El problema es que llega un momento en que esas virtudes dejan de funcionar. La guerra destruye también la confianza en los valores que habían fundado una civilización.

7. La saga de Forsyte de John Galsworthy

A través de varias generaciones, Galsworthy sigue a los Forsyte, una rica familia inglesa obsesionada con la propiedad, la respetabilidad y la conservación de su posición social. En el centro de la primera parte se encuentra Soames Forsyte y su incapacidad para comprender que su esposa Irene no puede ser poseída como una casa o una obra de arte.

La familia encarna una burguesía que consiguió aquello que deseaba y que, una vez alcanzado, descubre que nada de eso garantiza su felicidad. A medida que las generaciones avanzan, los valores victorianos pierden autoridad y los jóvenes se muestran cada vez menos dispuestos a obedecerlos. 

8. El mundo de Guermantes de Marcel Proust

Durante buena parte de su juventud, el narrador de En busca del tiempo perdido contempla a los Guermantes como criaturas pertenecientes a un universo casi mitológico. Sus títulos, sus antepasados y sus conexiones con la historia francesa parecen convertirlos en algo diferente al resto de los seres humanos, hasta que finalmente los conoce.

Proust realiza aquí una de las operaciones más interesantes: destruye la aristocracia simplemente acercándose a ella. Cuando el narrador consigue ingresar a los salones que había idealizado, descubre personas frívolas, crueles, aburridas y algunas veces ridículas. La decadencia comienza cuando el prestigio deja de ser un misterio para él y aquello que contemplaba desde lejos pierde su capacidad de fascinación

9. Los virreyes de Federico De Roberto

La novela más conocida de este escritor italiano sigue a los Uzeda de Francalanza, una poderosa familia aristocrática siciliana durante los años de la unificación de Italia. Mientras el antiguo orden político desaparecía, sus integrantes manipulaban matrimonios, herencias, instituciones religiosas y hasta la propia democracia para conservar su influencia.

A diferencia de lo que hace El gatopardo, Los virreyes prácticamente elimina cualquier romanticismo de la cuestión. De Roberto muestra una aristocracia obnubilada, corrupta y extraordinariamente hábil para sobrevivir. Pese al deterioro de las instituciones, quienes poseían poder aprendieron rápidamente el lenguaje del nuevo régimen. 

10. Los embajadores de Henry James

Lambert Strether viaja desde Estados Unidos a París con una misión aparentemente sencilla: convencer al joven Chad Newsome de regresar a casa y asumir sus responsabilidades familiares. Sin embargo, cuanto más tiempo permanece en Europa, más comienza a cuestionar las certezas morales y sociales con las que había llegado.

La decadencia, en esta maravillosa obra de Henry James, es menos evidente que en Lampedusa o Ford. No encontramos a una aristocracia perdiendo sus palacios, sino que nos representa el derrumbe de toda idea de respetabilidad. Strether descubre que aquello que su mundo consideraba correcto podía producir una existencia extraordinariamente limitada y que la sofisticación que debía condenar contenía formas de belleza que jamás había conocido. Se trata, en todo caso, de la pérdida de autoridad de la vieja aristocracia sobre los modos de vida.

La belleza de contemplar un mundo mientras desaparece

Hay una paradoja inevitable en estas obras: nos invitan a admirar la belleza de un universo —sus rituales, sus palacios, su elegancia— mientras nos exhiben las grietas y la inequidad sobre las que fue construido. Nos despiertan nostalgia por mundos a los que, muy probablemente, jamás habríamos sido invitados.

Pero su atractivo no reside en la idealización del privilegio, sino en algo más universal. La decadencia de la alta sociedad es solo el escenario para mostrar una fragilidad común: la ilusión de permanencia. Creemos que nuestras costumbres, instituciones y formas de vida son eternas simplemente porque siempre han estado ahí, hasta que el tiempo nos demuestra lo contrario.

El valor de estas novelas radica en su capacidad de capturar ese instante melancólico y profundamente humano, el momento exacto en que una época descubre que el futuro ha dejado de pertenecerle.

10 novelas sobre la decadencia de la alta sociedad

  • SOBRE EL AUTOR
Mi nombre es Rodrigo. Soy un escritor independiente Argentino, apasionado por contar historias y compartir reflexiones. Si bien mi campo predilecto es la ficción, en este blog les hablo sobre todo lo que pasa por mi cabeza: mi vida, mis experiencias, mis visiones del mundo y mi proceso creativo. Escribo desde chico ficción contemporánea y ficción gótica. He publicado relatos cortos y novelas que están disponibles para lectores de todas partes del mundo. A través de este blog, espero ayudarte a encontrar tu próximo libro favorito.
Seguime en Instagram y Twitter

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Instagram