Regresando a uno de los libros de mi infancia

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Capitanes+Intrepidos+Rudyard+Kipling

     Cuando tenía nueve o diez años, uno de mis tíos me regaló una pequeña novela de bolsillo con una dedicatoria escrita a mano. En ese momento, todavía no adquiría el hábito de la lectura y tampoco sabía cómo reaccionar ante tal obsequio. No entendía por qué me estaban regalando un libro ni cuál era la razón para que yo lo leyera: no estaba relacionado a ninguno de mis intereses del momento, ni tampoco entendí el motivo detrás de él. Quizás la palabra que mejor me definía en esos momentos fue simplemente confusión. Pero, a pesar de todo, decidí guardarlo entre mis pertenencias y durante mucho tiempo permaneció allí, dormido, sin atraer ningún tipo de atención de mi aún inmadura persona. La novela no era otra que la edición de bolsillo de Plaza y Janés de Capitanes Intrépidos de Rudyard Kipling, un clásico del siglo XIX que rara vez se menciona en las comunidades de lectores online, pero al que me gustaría dedicarle un artículo especial.
      Mi relación con este libro es ciertamente traumática. Dado que soy una persona que no puede contener su curiosidad ni su necesidad de aprender siempre cosas nuevas, desde el minuto uno supe que no pararía hasta leerlo entero. El primer obstáculo que encontré fue que no podía pasar más de una o dos páginas sin que me agarrara un terrible dolor de cabeza. La prosa de Rudyard Kipling era muy densa y dificultosa y todo el lenguaje marítimo (con sus constantes alusiones a cabestrillos, popas, proas, velas, estibaciones, horquillas y anzuelos) era demasiado pesado de digerir para un niño que todavía no entraba en la pubertad. Y, aún después de iniciar mi proceso de lectura con libros incluso más complejos pero mucho más interesantes -recuerden que mi amor por la literatura empezó con cuentos de Edgar Allan Poe-, esta novela seguía acumulando polvo en mis estanterías, ya que cada vez que lo abría me llevaba de vuelta a esos dolorosos primeros intentos de lectura y esto me motivaba a abandonarlo antes de terminar el primer capítulo. Sin embargo, perseveré en mi accionar y, cuando ya estaba acabando mi adolescencia, finalmente lo terminé. Se convirtió rápidamente en uno de mis libros favoritos.
      Capitanes Intrépidos es una novela difícil de catalogar. Como todos los libros de Kipling, se asienta firmemente en la tradición británica de la novela de aprendizaje con un fuerte sesgo moralista y aleccionador. Está escrita en un estilo que claramente la coloca en el género de la novela juvenil y, a la vez, constituye una típica historia de aventuras -género que apasionaba al autor-. En la actualidad, Rudyard Kipling suele ser recordado por novelas tales como El libro de la selva o Kim, además de su infinidad de pintorescos relatos cortos, pero es quizás Capitanes Intrépidos la obra que considero mejor lograda y más recomendable de su producción.

Capitanes+Intrepidos+Rudyard+Kipling

      Está protagonizada por un muchacho quinceañero llamado Harvey Cheyne Jr, el hijo malcriado y egocéntrico de un magnate de la industria de ferrocarriles, quien tras un fortuito accidente termina a la deriva en el mar, a pocos minutos de ahogarse. Es entonces rescatado por un barco pesquero portugués que logra salvarle la vida y cuyos tripulantes no tienen la más mínima noción de quién es el joven. En el frío temporal del atlántico norte, rodeado de pescadores rudos que no tienen ninguna relación con su pasado aristocrático, Harvey deberá adaptarse a la dura vida marítima de hombres que lo forzarán a dejar atrás su niñez de lujos y lacayos para convertirse en un hombre de carácter y compasión. Es una narración claramente moralizadora en el espíritu tradicional de la novela inglesa, destinada a los jóvenes de la alta sociedad del imperio británico a la que Kipling pertenecía. Y, si bien está plagada de estereotipos y anacronismos, no deja de ser una historia simpática, entretenida y sumamente tierna. 
     En lo personal, la considero como una obra esencial para introducir a los jóvenes a la literatura del siglo XIX, familiarizarlos con la prosa romántica de la época y presentar costumbres y puntos de vista de una era extinguida hace mucho tiempo. ¿Qué sería de la literatura si no es capaz de llevarnos a tierras y épocas lejanas para sacarnos de nuestra aburrida cotidianeidad?
     Eventualmente, perdí mi copia de Capitanes Intrépidos que me había regalado mi tío cuando era niño. Recuerdo que la última vez que la vi estaba totalmente destruida por el descuido y los malos hábitos y no me extrañaría  que haya acabado en la basura. Con el paso de los años, me olvidé de que existía. Es más, me olvidé siquiera de que en algún momento la había leído. Y salvo por alguna referencia al pasar cuando se menciona el nombre de Rudyard Kipling, mi relación con esta historia fue quedando más como un recuerdo distante que otra cosa. Y dado que mi hábito por la lectura ha empezado a ser relegado por otras prioridades (recuerden que además de trabajar de tiempo completo estoy a punto de empezar la universidad de manera simultánea), nunca fue una obra literaria que me interesara rescatar en lo más mínimo.
     No fue hasta hace uno o dos meses que, recorriendo los kioscos de revistas de mi ciudad, me encontré con la edición en tapa dura que pueden ver en la foto que ilustra este artículo. Es una edición española de Cedro que ha llegado a nuestro país recientemente, cuya colección incluye numerosos clásicos de la literatura del siglo XIX. Si bien me encantaría coleccionarlos, no tengo la libertad económica en este momento para continuar comprando libros. No obstante, cuando estaba escaneando los títulos de las diferentes novelas (entre las cuales se encontraba El llamado de lo salvaje de Jack London, otro de mis favoritos de la juventud) me encontré con el título de Capitanes Intrépidos y sentí una ternura muy especial. Fue como reencontrarse con un viejo amigo, alguien olvidado en las arenas del tiempo que nuevamente te saluda con un renovado entusiasmo. Decidí, en ese momento, que esta copia tenía que ser mía y que debía ocupar un lugar privilegiado en mi estantería, al igual que continúa ocupando un lugar especial en mi corazón.
    En algún momento voy a releerla, tan solo para revivir aquellos olvidados pasajes victorianos con evocativas ilustraciones que caracterizaron mi primer acercamiento al mundo de la literatura romántica. Y, esta vez, voy a deleitarme en el placer de poder digerir y disfrutar de su lenguaje con la madurez suficiente con la que debe asimilarse toda obra literaria. Es lo mínimo que se merece uno de los clásicos literarios de mi niñez que, sin dudas, ha entretenido a muchas generaciones de jóvenes en su más de un siglo de existencia.


  • SOBRE EL AUTOR
      Mi nombre es Rodrigo. Soy un escritor independiente Argentino, apasionado por contar historias y compartir reflexiones. Si bien mi campo predilecto es la ficción, en este blog les hablo sobre todo lo que pasa por mi cabeza: mi vida, mis experiencias, mis visiones del mundo y mi proceso creativo. Escribo desde chico ficción literaria y ficción gótica. He publicado relatos cortos y novelas que están disponibles para lectores de todas partes del mundo.

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