La inevitabilidad de la muerte en Hamlet

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       Hamlet de William Shakespeare es quizás la obra de teatro cumbre del autor. Escrita por primera vez alrededor del año 1600, esta épica representación de la historia del príncipe Hamlet de Dinamarca -quien emprende una venganza homicida contra su tío en nombre de su padre- es quizás una de las piezas literarias más importantes de la Historia de la literatura. Si bien tanto la trama como la relación entre los distintos personajes se caracteriza por su complejidad, un tema que atraviesa la historia desde el principio hasta el final es el de la muerte. Hamlet está plagado de iconografía macabra y de plática acerca de la muerte y considero que se trata de una cuestión sumamente interesante para analizar.
      Si bien todas las tragedias shakespeareanas involucran la muerte o la ruina de alguno de sus personajes, Hamlet destaca por su obsesión romántica con la misma. Desde el comienzo de la obra, el príncipe demuestra una fascinación casi juvenil con la Muerte. A medida que transcurre la acción, Hamlet analiza la muerte desde distintas perspectivas y se enfrenta tanto a las consecuencias espirituales de ésta como a sus recordatorios físicos. Dado que la Muerte es la causa y la consecuencia de la venganza de su protagonista, este elemento se entreteje con temas como el destino y la justicia. Hamlet explora la vida, el amor y la tiranía. Sus principales protagonistas y antagonistas mueren al final y, ya en el comienzo, tiene lugar la ambigua aparición de un fantasma (el padre de Hamlet). La idea del misticismo está siempre presente y en constante cuestionamiento, al punto tal de que el muchacho duda sobre qué es real y qué no.
      Uno de los elementos que destacan de su trama es la constante indecisión del príncipe, quien posterga lo que considera su deber hasta el último momento, mientras se dedica a reflexionar sobre las implicaciones del destino y la incertidumbre de la vida. Justamente, la misión de asesinar a su tío la vive más como un deber impuesto que como un designio de la propia voluntad. Su famoso monólogo en donde se plantea la posibilidad del suicidio sumado a las escenas posteriores en los cementerios -junto a huesos de cadáveres- busca articular y anclar el tema central. Lo que se discute, en esencia, es si existe una dimensión moral en la idea de morir o si es un pensamiento dolorosamente insoportable. El cráneo de Yorick, que se ha vuelto icónico de esta obra, es un importante símbolo que ilustra la inevitabilidad de la muerte y la descomposición  final del cuerpo humano, destino al que todos nosotros deberemos hacer frente algún día.
      Otra manera en que el tema de la muerte se permea a través de la obra es mediante el suicidio de Ofelia. La joven, novia de Hamlet, se quita la vida en un río luego de que su amado la maltrata –la ignora, la insulta y la espanta- durante un período demasiado prolongado de tiempo. Sin embargo, ella no parece escoger el suicidio: no acepta su destino, pero tampoco se resiste a su muerte. Su completa pasividad y sumisión ante el final de la vida refuerza la idea central de la inevitabilidad de la muerte para el ser humano. Hay interpretaciones alternativas sobre el final de Ofelia, desde el punto de vista de la perspectiva de género y el análisis feminista, pero no entraré en detalles al respecto.
      Hamlet se desvive en la comparación entre el dolor de la vida con la incertidumbre de la muerte. El príncipe no está seguro de qué traerá su muerte y le teme a la condena eterna del suicidio. Especula con la idea de que la experiencia de morir puede ser peor que la vida misma. Define a la muerte como “Ese país desconocido del cual ningún viajero regresa”. Reconoce que todos experimentaremos la muerte en algún punto y que el suicidio no es nada más que un pasaje de ida.
      El famoso monólogo del príncipe dice:

“Ser o no ser, esa es la cuestión:
Si es más noble para el alma soportar
las flechas y pedradas de la áspera Fortuna
o armarse contra un mar de adversidades
y darles fin en el encuentro. Morir: dormir,
nada más. Y si durmiendo terminaran
las angustias y los mil ataques naturales
herencia de la carne, sería una conclusión
seriamente deseable. Morir, dormir:
dormir, tal vez soñar. Sí, ese es el estorbo;
pues qué podríamos soñar en nuestro sueño eterno,
ya libres del agobio terrenal,
es una consideración que frena el juicio
y da tan larga vida a la desgracia. Pues, ¿quién
soportaría los azotes e injurias de este mundo,
el desmán del tirano, la afrenta del soberbio,
las penas del amor menospreciado,
la tardanza de la ley, la arrogancia del cargo,
los insultos que sufre la paciencia,
pudiendo cerrar cuentas uno mismo
con un simple puñal? ¿Quién lleva esas cargas,
gimiendo y sudando bajo el peso de esta vida,
si no es porque el temor al más allá,
la tierra inexplorada de cuyas fronteras
ningún viajero vuelve, detiene los sentidos
y nos hace soportar los males que tenemos
antes que huir hacia otros que ignoramos?
La conciencia nos vuelve unos cobardes,
el color natural de nuestro ánimo
se mustia con el pálido matiz del pensamiento,
y empresas de gran peso y entidad
por tal motivo se desvían de su curso
y ya no son acción.”

      Una gran proeza literaria. Hamlet es una de las obras de teatro más importantes jamás escritas y, junto a Rey Lear, una de las piezas cumbres del autor. Recomiendo a todos leerla alguna vez, porque es imprescindible. En palabras de su traductor al español, Ángel Luis Pujante: “Se ha observado que, desde siempre, los lectores de Hamlet se han visto reflejados en el príncipe: en él y en su mundo han reconocido una mente penetrante y una sensación de vida que no parecen tener límites precisos. Por más que intentemos rehuir el tópico, al final se impone la evidencia: en tanto que expresión artística del hombre moderno, complejo y escéptico, ilusionado y desilusionado con los ideales humanísticos, Hamlet no es sólo gran literatura, sino uno de los grandes mitos de Occidente.”
      Si la han leído, díganme en los comentarios qué opinan al respecto :)

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