Mi pasado metalero

by - 08:00

      Hoy he decidido escribir una entrada personal sobre un tema que llevo varios meses dudando si revelar o no. Finalmente me he decidido a hacerlo. Lo he mencionado superficialmente, al pasar, en muchos de mis videos de youtube y algunos de ustedes han mostrado cierto interés al respecto. Creo que es hora de que les hable en profundidad de esta cuestión y espero que sirva para saciar la curiosidad de todos ustedes.
      Hace unos cuantos años, viví una etapa que podríamos catalogar como “metalera”. Quizás les suene un poco bizarro a quienes ahora me conozcan, pero para mí fue lo más natural en ese entonces. Desde los trece hasta los veintitrés (los diez años de mi vida que constituyeron mi adolescencia y temprana juventud) el metal como género musical y el rock como categoría más amplia jugaron un rol esencial a la hora de constituir mi identidad.
      Nunca fui de escuchar metal del duro, sino que más bien me orientaba hacia el tipo europeo de carácter sinfónico y melódico que contiene pequeñas reminiscencias de música clásica. Bandas como Nightwish, Sonata Arctica, Stratovarius, Epica, Lacrimosa, Children Of Bodom, Seether, Evanescence, The 3rd and the Mortal, Cain’s Offering y muchísimas otras estuvieron en mi lista de reproducción durante temporadas enteras. Tal era mi devoción hacia algunas de estas bandas que fui a numerosos conciertos, conocí a algunos de los músicos en persona y coleccioné discografías completas de discos traídos de distintas partes del mundo.
      Había dos cosas que yo principalmente valoraba de este género musical: su energía, esa suerte de poderoso espíritu vital involucrado en sus canciones, y la cualidad poética y metafórica de sus letras. Otra cosa que me llamaba la atención era aquella oscuridad innata, una visión cuasi gótica del mundo que muchos de estos grupos representaban. Quizás podría afirmar que se trató de mi primer encuentro con un estilo donde dos de las formas artísticas que más aprecio –la música y la literatura- se unían en una misma expresión. Quienes conozcan algunas de las bandas antes mencionadas, sabrán que muchas de ellas empleaban orquestas sinfónicas, coros mixtos, voces de formación lírica y músicos entrenados con alta destreza y un exacerbado sentido del perfeccionismo. Todo esto causó una fuerte impresión en mi joven persona y, durante mucho tiempo, me llevó a interesarme cada vez más por el arte de la creación musical y el espectáculo artístico en general. Naturalmente, esto me condujo a descubrir nuevos géneros musicales: clásico, jazz, ópera, teatro musical, pop y blues, entre muchos otros. Sin embargo, mi interés musical más temprano siempre estuvo centrado en el metal y, especialmente, en aquel que se salía de las convenciones y experimentaba con diferentes estilos –a veces considerados incompatibles-.
      Ya en mi adolescencia, alrededor de los quince años, decidí que la música sería aquello a lo que quería dedicarme. Empecé a tomar clases de teclado –que luego se transformaron en clases de piano- y también incursioné en lecciones de canto lírico. Al mismo tiempo me dediqué a escribir y componer canciones en mi tiempo libre, piezas que me servían de vehículo para interconectar mis dos expresiones artísticas predilectas: la palabra y la melodía. Muchas eran reinterpretaciones de libros que leía o la musicalización de historias sacadas de la literatura. Habiendo cumplido mis dieciocho, coleccioné un repertorio de canciones de rock compuestas por mí y listas para ser interpretadas. Me di entonces a la titánica tarea de poner en movimiento un proyecto musical propio.
      Durante largos meses –aproximadamente un año, según recuerdo-, estuve buscando músicos de toda clase en cada rincón de mi ciudad. No fue una empresa demasiado sencilla, dado que el personal musical disponible para este tipo de proyectos era muy limitado y el ambiente demasiado pequeño. Además, yo era un chico joven y con nula experiencia, y ello despertaba la desconfianza de todo el mundo. Finalmente, luego de muchísimas instancias de prueba y error, logré ensamblar un pequeño conjunto de músicos principiantes interesados en poner en movimiento mi banda. La idea original fue crear un sonido de power metal melódico –muy similar al de Sonata Arctica-, con letras en español y un arraigado carácter lírico. El nombre original que le dimos a la banda fue Invasión Nordica. Esto se debía a que la mayoría de las bandas que influenciaban nuestro sonido eran europeas y casi todas escandinavas.
      Practicamos durante tres o cuatro meses y finalmente nos lanzamos al ruedo. Dimos tres conciertos en un mismo mes –el primero fue multitudinario, con casi 200 personas en el público y mucha cerveza de por medio-. Tuvimos una mala recepción, y esto se debió a dos razones principales: 1) éramos pésimos músicos y 2) necesitábamos ensayar y madurar un poco más nuestro sonido antes de dar conciertos. Terminamos disolviéndonos poco tiempo después en términos no muy amistosos.
      Sin embargo, la experiencia personal de introducirme en el "ambiente metalero” local no fue muy positiva para mí. Descubrí que una buena parte del público que consumía la misma música que a mí me había gustado durante tantos años era excesivamente misógeno, homofóbico, conservador y con ideas políticas nacionalistas. Sé que a muchos les sonara a una vasta generalización pero, en mi experiencia personal, este choque frontal con visiones del mundo tan incompatibles con las mías terminó acelerando mi desencanto con el género y sus distintos exponentes. Empecé a percatarme cada vez más de actitudes que me desagradaban y me sentí cada vez más alienado del ambiente en general.
      Para ese entonces yo ya había ingresado en la Universidad para hacer la Licenciatura en Composición Musical. Allí mi cabeza se abrió de una manera impresionante y pude sumergirme más y más en el mundo de la música académica. Estudié el arte de la composición sinfónica, la ópera, la música de cámara y la escritura para instrumentos solistas de distintos períodos históricos. Logré empaparme de distintas maneras de pensar en la música y aprendí nociones estéticas que, hasta el día de hoy, guardan un valor personal inconmensurable para mí. Al mismo tiempo, mi gusto por el metal fue menguando hasta casi desaparecer y, en los últimos años, casi no he vuelto a escuchar una sola canción de dicho género musical. Eventualmente, este proceso de cuestionamiento interno fue avanzando hasta acabar alejándome de la música en general (si les interesa, puedo escribir más adelante acerca de por qué abandone la música por completo, pero es material para otra entrada).
      La razón por la cual decidí escribir esta historia y hablarles así de mi pasado, es porque hace unos días encontré mi viejo lote de discos metaleros que había guardado desde mi adolescencia. Me puse a escucharlos y reviví algunos recuerdos muy trascendentes de mi antigua vida que casi había olvidado. Pienso que el fracaso, junto con nuestros logros y éxitos, es una de las cosas que nos definen como seres humanos. Cuando recuerdo ese vertiginoso pasado mío, esa pasión que tuve hacia una música en particular que me llevó a realizar toda clase de proyectos artísticos movido por un impulso creador inagotable, no puedo dejar de apreciar el camino transitado y lo mucho que fui capaz de crear desde la nada. Estoy hablando de una fase de mi juventud que ha quedado en el pasado, pero que durante mucho tiempo llegó a involucrar todos los aspectos de mi vida y que, años después, puedo considerar con aprecio lo mucho que ayudo a moldear y definir mi personalidad. Si no conocen algunas de las bandas antes mencionadas, aquí abajo les dejaré algunos ejemplos.
      ¿Qué géneros musicales escuchaban en su adolescencia? ¿Tienen alguna historia interesante para contar respecto a eso? Déjenmelo en los comentarios :)




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7 comentarios

  1. Vaya! en mi caso tambien me aficione al rock tipo a los 13 años. TOme clases de guitarra pero no fui lo consistente y luego pensé que mejor tocaria el bajo electrico (sigo queriendo comprar uno pero son caros). Me di cuenta que la musica no seria lo mio pero que es parte importante de mi vida. Creo que en eso me identifico bastante con lo que estas contando. Supongo que tocare alguno instrumento, pero no seria de manera profesional :)

    un abrazo!

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    1. Estoy esperando para retomar el piano y, quizás un poco de canto. Pero mucho tengo que arreglar de mi vida personal antes de poder hacerlo xD

      Un abrazo!

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  2. Entiendo la pasión que puede despertar ese tipo de música y sobre todo a determinadas edades. Los collares y los pelos eran lo más ^_^
    Muy muy interesante y sin duda una experiencia de vida de la cual aprender un montón!
    Besos

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    1. Jajajajaj, lo divertido era abrazar gente con ese collar xD

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  4. Busqué si había una historia parecida a la mía y la encontré 😂
    Yo escuchaba rock y metal desde los 12 hasta más o menos 25 años, igual que tú, tenía cabello largo, tocaba los instrumentos como aficionado y en grupos de amigos, compraba entradas a los conciertos e iba al festivales gratuitos, no me privaba de ir a discotecas a beber y bailar pero no abría mi cabeza a otros géneros. Descubrí que la comunidad metalera es algo tóxica, te etiquetan por todo y se creen más. Hoy día lo recuerdo pero ya no me gusta y escucho música variada pero poca y menos metal

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    1. Genial! Creo que en otra época hubo mucho más auge del metal que en estos días. En mi ciudad, particularmente, todos los lugares donde escuchar o tocar este tipo de música han cerrado en su totalidad. Perdón por la demora en la respuesta. He estado un poco desconectado de todo por la cuarentena.
      Un abrazo!

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