9 Consejos para jóvenes escritores

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      Quienes me conocen saben que escribo desde pequeño. Cuentos, novelas, artículos y hasta canciones. La palabra escrita ha sido siempre mi vocación, en cualquiera de las formas y ámbitos en que la desarrolle. No me atrevería a considerarme un escritor muy experimentado (gran parte de mi obra todavía no se ha publicado!), pero sí me gustaría afirmar que he sentido la confusión y las interminables dudas que son tan propias de los escritores jóvenes. Particularmente cuando se es adolescente, uno tiende a criticar y ser excesivamente duro con lo que produce. La queja más usual es que lo que se escribe no es ni de buena calidad ni aceptable. Soy de la creencia de que todo escritor joven que se esfuerce lo suficiente por mejorar y superarse a sí mismo eventualmente se convertirá en un gran escritor. Por ello, he compilado aquí una lista de los nueve consejos que yo le daría a todo escritor principiante.  Están dedicados a novelistas y a todo escritor de ficción en general.

  1. Leé, leé, leé. No hay forma de saltártelo. Si carecés del hábito de la lectura, no tenés las herramientas para escribir. Es la única manera de saber qué funciona y qué no, qué significa escribir bien y qué no. Si no te hacés la costumbre de leer lo más frecuente y variado posible, estarás atrofiando tu propio sentido del lenguaje y de la construcción literaria. La lectura debería ser la fuente de aprendizaje y el combustible primordial de todo escritor.
  2. Escribí con regularidad. La práctica es tu principal herramienta para avanzar en tu desarrollo. Algunos escritores trabajan todas las mañanas. Otro se reservan una hora por día o hasta pequeños momentos repartidos a lo largo del día. Algunos –los más afortunados- cuentan con la libertad de escribir durante muchas horas hasta cumplir con una determinada cantidad de palabras diarias. Cualquiera sea tu método, nunca dejes de escribir con regularidad. Al igual que con el ejercicio físico, no importa cuánto trabajes en tu arte sino que logres hacer algo todos los días.
  3. Escribí aquello que te importa y aquello que te sea más cercano. Creo que fue la propia Anne Rice quien dijo: “Debes convertirte en el escritor de tus sueños, y la única manera de lograrlo es haciéndolo: pasando las páginas día tras día”. Escribí el tipo de libro que más te gustaría leer, el que más te apasiona y aquel por el que te gustaría ser recordado como escritor. No pierdas el tiempo con lo que otros te recomiendan tratar o lo que creés que debés escribir. El deber no tiene ningún espacio en tu tarea como escritor. Se trata de una vocación egoísta en muchos sentidos y tiene que estar centrada en vos mismo y tus intereses personales desde el principio hasta el final.
  4. Asegurate de que tu trabajo sea lo más técnicamente correcto que puedas. Ortografía, gramática, puntuación, sintaxis. No subestimés el tiempo que requieren las revisaciones y correcciones. Un escritor que no se toma el trabajo de corregirse a sí mismo es un escritor que no puede ser tomado en serio.
  5. Aprendé a escuchar a los demás. Esto es especialmente útil para escribir diálogos. No vale sólo inspirarse por las novelas y los relatos, también es importante que observés a la gente a tu alrededor. ¿Qué muletillas verbales utilizan? ¿De qué manera se desenvuelve una conversación entre dos interlocutores? ¿Qué lenguajes corresponden a ciertas clases y cómo se relaciona la manera de hablar con su manera de ser? Tu deber como escritor, independientemente del género al que te dediques, será siempre documentar a la gente que te rodea.
  6. Trabajá con borradores. La manera más fácil de frustrarte, paralizarte y abandonar tu manuscrito es exigirte la perfección misma durante la primera escritura. Es el error más común que he visto. Un texto –particularmente uno largo como una novela o un relato extenso- requiere de numerosas versiones antes de estar terminado. Lo primero que escribas sobre la página está destinado a ser de mala calidad, confuso y hasta un poco fofo. Pensá en que estás sacando ideas de la nada misma, inventándolas en tu propia mente y tratando de transcribirlas en un papel o archivo digital. Durante ese proceso –que yo suelo llamar “creación dura”- se te van a escapar muchísimos problemas que no vas a poder discernir bajo el fervor de la inspiración productiva. El primer borrador de cualquier texto tiende a ser bastante ilegible. Es parte de ser un escritor humano. No te desanimes ni te demores mucho en volver hacia atrás y corregir hasta el hartazgo lo que ya escribiste. Es preferible que sigas adelante, termines la primera versión de la obra y te des un período de descanso, para luego volver y corregir el texto completo. Te recomiendo que hagas como mínimo tres versiones de todo lo que escribas, cada una con cierta distancia temporal –en cada relectura encontrarás nuevos errores grandes y pequeños para editar-. Mientras más versiones hagas, más prolijo quedará el texto final.
  7. Explorá y diseccioná aquello que más te afecta en la vida real. En el mundo de la ficción literaria y del realismo clásico esto es una obviedad, pero aún si escribís fantasía a lo J. K. Rowling o ciencia ficción a lo Isaac Asimov, las historias que más vale la pena leer son aquellas que tratan temas profundamente humanos. ¿Cuáles son tus valores? ¿Cuáles son tus miedos más profundos? ¿Qué anhelos has reprimido a lo largo de los años? Hacé un poco de introspección, examiná aquello que más te ha marcado a lo largo de tu vida y usalo para potenciar tu escritura. Poner lo mejor, lo peor, lo más valioso y lo más oscuro de uno mismo en cada cosa que escribís es una excelente manera de enriquecer tu obra. Y es además sumamente terapéutico.
  8. Buscá lectores beta. Esto lo harás únicamente cuando ya tengás terminado un borrador convincente. Los “lectores beta” son los primeros lectores de tu manuscrito –amigos, familiares, conocidos, gente que lee mucho, etc.- que revisarán tu texto antes de la versión final y te darán feedback acerca de lo que escribiste. Algunos serán más sinceros que otros (por regla general, mientras más cercana sea tu relación con la persona, más difícil es que se atrevan a criticarte en serio) pero es importante que escuches sus opiniones. No es necesario que obedezcas las sugerencias de todo el mundo, ya que siempre debés confiar en tu propio juicio, pero si todos o la mayoría coinciden en que algo falla o no se entiende, tendrás que ponerte manos a la obra para corregirlo. Es crucial que prestes atención a la primera impresión de lectores que no están familiarizados con el texto, porque los escritores tienden a aferrarse emocionalmente de más a lo que escriben y esto los ciega a la hora de reconocer errores.
  9. Tomate tu tiempo. No hay nada más trágico que un libro publicado antes de tiempo, un relato poco pulido o una obra que podría haber resultado espléndida si su autor la hubiera trabajado sólo un poquito extra. Estoy convencido de que mucha de la literatura mediocre no se debe a la falta de talento, sino a la falta de paciencia. El apuro es el enemigo de la buena ficción. Salvo que entrés en la categoría de los creadores precoces que pueden terminar un buen libro en menos de un año –Stephen King es un buen ejemplo-, vas a sepultar tu propio trabajo si lo hacés a las apuradas. Escribir no es ninguna carrera contra el tiempo ni una maratón de habilidades. Requiere paciencia, dedicación, esfuerzo y depuración constante. Quizás te tome más tiempo del que originalmente planificaste y eso no tiene nada de malo. Es preferible sacar a la luz un texto demorado que un texto inacabado. Mientras más tiempo y cuidado le dediques a tu obra, más grande será la posibilidad de que pueda perdurar en el tiempo.

Espero que te hayan sido útiles estos consejos. ¿Estás trabajando en algún texto? Te deseo mucha suerte! :)
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