¿Te gustan las distopías? Ésta inspiró a 1984

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      En 1936, se publicó en Inglaterra un pequeño libro titulado “Himno” de la escritora ruso-estadounidense Ayn Rand. Historiadores han ubicado a esta cortísima novela basada en ideas como una de las piezas literarias centrales que inspiraron a George Orwell para escribir 1984. Si bien su historia también es una distopía de tintes filosfóficos; la extensión, el tema y el tono son muy distintos a los de 1984. El trasfondo de la obra, concebida como un mero trazo preliminar mientras Rand terminaba “El manantial” (obra que la lanzaría a la fama) es tan complejo como su historia de publicación.

      La Década Roja
      La autora, en aquella época una joven aspirante a escritora con una única novela publicada –“Los que vivimos”, para entonces ya descatalogada- arribó a los Estados Unidos huyendo de los horrores de la Unión Soviética, abandonando familiares, conocidos y hasta su nombre biológico, para seguir los pasos de un futuro como escritora de guiones para películas hollywoodenses. La visión romantizada de la América que había imaginado estuvo destinada a desmoronarse cuando se halló en medio del caos de la Gran Depresión y en una sociedad dominada por una clase intelectual –en pleno auge de lo que luego se denominó la Década Roja- que admiraba y elogiaba el socialismo soviético como el ideal añorado para los Estados Unidos. Escandalizada, shockeada y en profunda conmoción luego de haber escapado del hambre, la miseria y la represión, Ayn se propuso una meta ambiciosa y por poco imposible: educar a sus nuevos compatriotas acerca de los peligros del colectivismo que casi había destruido su vida y evitar el avance del adoctrinamiento comunista.

        Una visión del mundo en crisis
      “Himno” nos cuenta la historia de un joven muchacho que vive en una era avasallada por el “Gran Renacimiento”, un período oscuro semejante a una nueva Edad Media en que la Humanidad ha retornado a un anticuado primitivismo. Sin contar con electricidad, edificios, o automóviles, el protagonista nos narra en papel y a la luz de las velas los horrores de una sociedad autoritaria donde numerosos Consejos gobiernan y deciden cada uno de los aspectos de las vidas de sus ciudadanos. Se trata de un sistema totalitario en el que el Estado determina el trabajo, la vocación, el tiempo libre y hasta las relaciones interpersonales de cada ser humano. La sociedad está colectivizada hasta tal extremo, que se ha perdido la noción, el concepto y la palabra del “Yo”. Esto se muestra en el hecho de que los nombres y las identidades individuales están prohibidos por ley y a cada persona se le asigna al nacer un nombre génerico y un código numérico. Nuestro protagonista, casualmente, se llama “Igualdad 7-2521” y se refiere a sí mismo como “nosotros”. La trama se centra en el despertar de este personaje, su descubrimiento del amor y su búsqueda y posterior reconciliación con su ego y el concepto mismo del “Yo”. El título es intencional: la obra es básicamente una oda, un homenaje, un himno al yo.

      El "Yo" y la moral
      Lo interesante de esta novela es que no está abordada desde lo político –si bien posee una clara intencionalidad política- sino desde un punto de vista ético y moral. Rand nos habla de la fundamental importancia del yo, concepto que designa a la mente y la identidad esencial del ser humano. Exalta el yo del Hombre para defender los principios centrales de su filosofía: la razón, los valores, la voluntad y el individualismo.
      Esto jugó un papel esencial –junto con el contexto social antes mencionado- para que el libro sufriera de una catarata de rechazos por parte de todas las editoriales norteamericanas y acabara publicándose en Inglaterra. Las reacciones fueron  contundentes. Desde cartas acusatorias de los editores que lloraban “la autora no comprende el socialismo” hasta un joven reportero que trató de advertirle que “hay gente para la cual la palabra yo es demasiado fuerte, incluso inmoral”. A esto, Rand respondería: “Por supuesto, claro que hay gente de ese tipo. ¿Contra quién, cree usted, que fue escrito el libro?”.
      La novela invita a la reflexión y muchos de sus temas (específicamente la lucha entre colectivismo e individualismo) aparecen con términos claramente randianos en la narración de Goldstein del 1984 de Orwell. 

         Una profecía de la realidad
        Quizás una de las cosas que a mí me resultaron más interesantes fue el prólogo de la autora en la edición aniversario. La primera gran publicación de este libro se hizo en 1937, en un mundo azotado por la Gran Depresión, cuando el comunismo y el nazismo eran novedades relucientes, cuando la paz y la estabilidad -aunque frágiles- aún se conservaban en Europa y la gente ponía sus esperanzas en doctrinas utópicas cada vez más fanatizadas. Nueve años después, cuando ya había terminado la Segunda Guerra, había ocurrido el Holocausto, la gente despertaba ante los horrores del nazismo y el comunismo, se desenvolvían los juicios de Núremberg y cerca de la mitad de la población mundial había perecido en el conflicto más oscuro de la historia moderna, tuvo lugar la segunda publicación de “Himno”. A esta edición, Ayn Rand acompañó con una introducción que contenía, entre otras, estas palabras:

      “Algunos de los que leyeron la historia cuando fue escrita, me dijeron que había sido injusta con los ideales del colectivismo. Decían que no era esto lo que el colectivismo predica o pretende, que los colectivistas no defienden estas ideas, nadie las defiende. […]
      Hay quienes puedan pensar, aunque yo no, que nueve años atrás existía alguna excusa para que los hombres no se dieran cuenta de hacia dónde estaba yendo el mundo. Hoy la evidencia es tan contundente que ninguna excusa puede ser aducida. Aquellos que se niegan a verla ahora no son ciegos ni inocentes.
      Al presente, los mayores culpables son quienes aceptan el colectivismo por vacío moral; la gente que no toma partido, que se reúsa a admitir la naturaleza de lo que están aceptando. Quienes apoyan planes específicamente diseñados para esclavizar, pero se esconden tras la afirmación vacua de ser amantes de la libertad, sin asignarle ningún significado concreto a la palabra; los que creen que el contenido de las ideas no debe ser examinado, que los principios no deben ser definidos y que los hechos desaparecen si se mantienen los ojos cerrados. Esperan, cuando se encuentren en un mundo en ruinas y con campos de concentración, evadir su responsabilidad moral lamentándose: ‘¡Pero no era mi intención que todo esto sucediera!’
      Aquellos que apoyan la esclavitud deberían decirlo por su nombre. Deben enfrentar el significado de lo que están condonando o defendiendo. El significado exacto, completo, del colectivismo, de sus implicaciones lógicas, de los principios en los que está basado y de las últimas consecuencias a las que estos principios conducirán.
      Deben enfrentarlo y entonces decidir si esto es lo que quieren, o no.”

      Es un libro entretenido, cortito (tiene apenas 110 páginas) y altamente recomiendo su lectura.   

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