Mi crianza junto a Edgar Allan Poe

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   Edgar Allan Poe es un escritor de culto. Con el paso de los años, su reputación como uno de los grandes autores literarios de todos los tiempos va creciendo y consolidándose. Controversial en su época, extraño en sus métodos hasta el día de hoy, el atractivo que ejerce sobre miles de lectores es múltiple. Por un lado, es apreciado por su maestría del género del terror. Otros lo consideran el mejor representante del romanticismo tardío estadounidense. Su obra se estudia en base al peculiar uso que hace del lenguaje, la metáfora y el simbolismo. Al día de hoy, Poe continúa siendo uno de los autores de habla inglesa más leídos de todos los tiempos. Sin embargo, no es sólo la admiración académica hacia su obra lo que quiero enfatizar. Desde siempre, he tenido una conexión personal con este escritor.
      Mi obsesión con Poe comenzó en los años de mi temprana adolescencia. Empecé a leerlo con 10 o 12 años, gracias a un volumen de sus Cuentos Completos en tapa dura que me regaló uno de mis familiares. Era de esas viejas ediciones que acompañaban al diario argentino La Nación y que simulaban antiguos libros de cuero en versión miniatura. Aún conservo esa edición y dudo mucho de que alguna vez me deshaga de ella. Pronto descubrí, para mi agradable sorpresa, que lo que tenía entre manos era literatura de alta calidad que pronto cambiaría mis gustos para siempre.
      Los primeros cuentos que leí, pocas semanas después de haber adquirido dicha copia, fueron: El Gato Negro, Berenice, Morella, El Pozo y el Péndulo y El Corazón Delator. No voy a negar que fueron textos demasiado difíciles y complejos para lo joven e inmaduro que era, pero aun así lograron volarme la cabeza. Poco tiempo después, desarrollé una obsesión febril con todo aquello relacionado con Poe. Esta fase de enamoramiento literario temprano duró unos cuantos años y sentó las bases para mi futura vida como lector y escritor.
      Para algunos de ustedes quizás pueda resultar extraña la idea de un niño de 12 años disfrutando de relatos tan oscuros y con una prosa tan densa y bizantina como la de Poe. Sin embargo, para quienes me conocían en aquel entonces no resultaba algo fuera de lugar. Siempre fui un chiquillo extraño. He amado el género del terror desde una muy temprana edad: vi la saga completa de las películas de Chucky con tan sólo seis años. Toda mi vida sentí una atracción especial hacia las cosas macabras y oscuras. Podría afirmar que es una faceta de mi personalidad que aún continúa vigente.
      ¿Qué fue particularmente lo que me enamoró de Poe? Muchas cosas: su uso del lenguaje, sus descripciones perturbadas de castillos antiguos y estancias remotas, la manera atolondrada de mezclar un vocabulario intelectual con una atmósfera onírica, etc. Quizás lo que mejor quedó impregnado en mi memoria fue su estilo de construcción de oraciones largas, elaboradas, separadas por multitud de comas y estructuradas en capas. Todavía me sorprendo, de vez en cuando, hallando tales artificios en mi propia prosa.
      Otro de los elementos que me fascinaron de él fue su talento para transformar lo grotesco y lo asqueroso (un cadáver putrefacto, un saco de huesos, una muerte sangrienta o una peste enfermiza) en una obra de arte poética, portadora de una ligereza efímera y altamente estética. Son pocos los escritores capaces de lograr tales resultados.
      Habiendo leído todos sus cuentos, y luego de haberme familiarizado con sus tópicos –por ejemplo: sus mujeres pálidas, moribundas, vestidas de blanco y de naturaleza mística indescifrable me llevaron a escribir un temprano relato titulado “El vestido blanco” que amalgamaba todos estos arquetipos en uno- empecé a explorar su poesía. No puedo ocultar la conmoción que me asaltó cuando leí “El cuervo” en su versión inglesa. Más allá del simbolismo y las metáforas, considero que el gran fuerte de este poema es su rima. Es perfecta y musical en el mejor de los sentidos. No he hallado otro poema rimado con el cual equipararlo en calidad y claridad.
      No quisiera exagerar las virtudes de Poe. También tiene sus defectos: melodrama, repetición, fijación con un tema hasta erosionar su interés. En lo personal, nunca me llamaron la atención sus cuentos policiales. No obstante, vale aclarar que uno de sus logros menos valorados por el público masivo se concentra en sus sátiras. Sus cuentos satíricos son ingeniosos, agudos, burlones y divertidos. Relatos como “El diablo en el campanario”, “El método del doctor Alquitrán y el profesor Pluma”, “La semana de los tres domingos”, “Breve charla con una momia” o “El ángel de lo estrambótico” son verdaderas joyas satíricas del siglo XIX.
      Después de haberme criado leyendo a Poe, me es imposible ignorar los paralelos e influencia de su obra en escritores posteriores. Hallamos a Poe en el ritmo lingüístico de Bradbury, en las descripciones bizantinas de Lovecraft, en los giros de frase de Stephen King y en las ambientaciones góticas de Anne Rice.
      Hay quienes dicen que la obra de Poe está envejecida. Hay quienes la consideran anacrónica, cliché, plagada de estereotipos o lisiada por los prejuicios de su época. Sin embargo, quienes sostienen estas posturas olvidan que el verdadero valor de este escritor radica en su exploración de los sitios más oscuros de la condición humana. No en vano, Lovecraft –quizás su heredero más directo- dijo que la más vieja, la más fuerte emoción sentida por el ser humano, es el miedo. “Y la forma más poderosa del miedo, es el miedo a lo desconocido.”

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3 comentarios

  1. Uy! Yo tengo que profundizar un poco con este hombre. Porque los dos relatos que he leído directamente no me han gustado. No sé si pensar que ha sido culpa del idioma, porque de verdad que adoro, adoro Annabel Lee y su manera de hacer que las palabras de alguna forma choquen y sean perfectas.
    En fin, ya veré cual elijo y ya te contaré.
    Besos

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    1. Las sátiras son las que más me gustan :P Tiene un sentido del humor muy particular!

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  2. Amo con toda mi alma a Poe! como vos, lo leí de muy chiquita, como once o doce años y, desde entonces, no puedo evitar recordar algún que otro cuento de vez en cuando. También, recientemente, note por pura casualidad que mis oraciones son muy parecidas, en estructura, a las suyas. Es algo difícil de evitar cuando una se deja arrastrar e hipnotizar por sus relatos. Su prosa se queda con el lector y pasa a formar parte de su ser para el resto de su vida.
    Mi cuento favorito es EL GATO NEGRO, no solo por ser el primero que leí sino, también, porque fue el que mejor comprendí a esa edad. Actualmente, mi pasión por el autor se ve influenciada por otras cosas ya que tenemos, en nuestras vidas, algunas similitudes y eso me da la sensación de comprender mejor los sentimientos y simbolismos que utilizó...

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